Se buscan filósofos. Razón: nos hacen falta. Mucho. Los cambios que modulan la sociedad lo hacen ahora a una velocidad, en algunos ámbitos, vertiginosa. Los dilemas éticos, las potencialidades que se abren, los peligros que atisbamos, las regulaciones que no existen, y las que debieran existir. Es todo una amalgama sin forma clara que proyecta extrañas formas que, aún, no sabemos definir. No sabemos si el miedo que algunos vemos nos debe atenazar (salvándonos del desastre) o si, por el contrario, ha llegado un rodillo de eficiencia y desarrollo que nos llevará a un nuevo nivel como especie. Porque no todo vale, los caminos hipotéticos son radicalmente divergentes, así como las consecuencias de los mismos. Necesitamos una constelación de filósofos, que imaginen un futuro en el que existamos.
Antaño inventos como la imprenta, la radio y la televisión hicieron accesible la información a amplios sectores de la sociedad. La velocidad de la información fue en aumento, desde los libros y panfletos, que conseguían amplitud sin mucha velocidad hasta los tiempos actuales en los que podemos enterarnos de algo que pasó hace media hora en nuestras antípodas. Los ciudadanos nos hemos sincronizado con una cultura en tiempo real, que, en muchos casos, consumimos con voracidad. Estamos en un punto en el que el grado de generación de información ha sobrepasado los límites que podríamos definir como saludables. Ya con internet constatamos la diferencia entre la abundancia y el exceso; comienza a costar encontrar lo buscado, porque lo preciso se esconde entre una tupida maleza de vaguedades y mentiras. La información se tornó universal, pero la desinformación también, ambas avanzan en direcciones opuestas y el balance no es siempre positivo. Se nos pide ahora encontrar fuentes fiables para a...